En este Blog queremos compartir contigo la vida de la bienventurada Dina Bélanger RJM. Publicaremos periódicamente breves capítulos que nos ayudarán a conocerla más.
Te invitamos a leerlos y a que dejes tus comentarios.


LA FAMA DE SANTIDAD de Dina Bélanger se ha hecho universal después de su beatificación.

jueves, 7 de julio de 2016

Más cartas

No me resigno a no dejarte leer algunos otros párrafos de sus cartas. Quiero que conozcas bien a Dina.
3 diciembre 1916: “…Hablemos de mis vacaciones. Dentro de tres semanas a esta hora yo estaré probablemente con vosotros… Llegaremos a Montreal el domingo por la mañana, vigilia de Navidad, iremos a Misa y saldremos hacia Quebec para llegar a Misa de media noche… Si queréis algo para regalos, etc.  Pedídmelo pronto para comprarlo. Aquí os aseguro que hay variedad; dadme ideas… Si son cosas que no puedo pasar por la aduana, os lo diré… En el piano hago estupendos progresos. Adquiero una fuerza extraordinaria. ¿Sabéis lo que me pasó ayer? Practicando la Rapsodia de Auvergne, he roto un martillo, el soporte de madera de uno de los martillos que golpean las cuerdas…“
 12 febrero 1917: “…Tengo muy buena salud y como por tres ¿Os sonreís poniéndolo en duda?... Por la mañana, menos los viernes, me como un bistec  y cuatro tostadas; ¡sí, sí, cuatro “toasts”! Cada una de ellas de unas tres pulgadas cuadradas…El miedo de la guerra no me ha quitado el apetito… Buenos días, mis queridos papás. Lleno la carta de besos. Mirad bien el sobre, que no se escape ninguno.”

22 mayo 1917: “… El sábado pasado, a las tres de la tarde, me examiné de piano… No estaba nada nerviosa, ni me falló la memoria. Toque veinte variaciones: once páginas. Primero, los profesores  Mr. Damrosch y Mr. Newstead iban siguiendo en mi cuaderno, después se me acercaron lo más posible para observar los movimientos de mis manos, dedos, brazos, etc… Luego  Mr. Damrosch me paró y me dio unos golpecitos en la espalda. “¡Tiene usted mucho talento! Ha progresado mucho desde que la oí por primera vez, ya veo que trabaja mucho. Estoy muy contento de usted”. Enseguida me tomó la mano y le dijo a Mr. Newstead: “Tiene la mano muy larga y estrecha; con una mano así podría tener más fuerza y extenderla todavía más” Y añadió: “No la ha comprado en la feria, ha tenido que aceptarla como era”. Yo me reí… Ayer tuve clase de piano con Mr. Newstead… Empezó a hablar del año próximo, yo le interrumpí: “Si es que vuelvo…”. “ No me diga eso”… Si todo lo que dicen es para animarme, se logró el intento; ya comprendéis que esto me alienta a trabajar. Estoy muy bien…”

25 octubre 1917: “Esta tarde fui al Conservatorio. En armonía me han puesto una “A” que es la mejor nota. El piano va de bien en mejor. ¿os habéis fijado en la luna? Esta noche le he hecho un encargo; miradla bien, os dará muchos recuerdos de mi parte. ¿Soñasteis cosas bonitas anoche? Hoy ha hecho sol. Voy al mes del rosario. Buenas tardes, queridos papás. Un fuerte abrazo.”

Bueno, te transcribiría mucho más, pero no quiero alargarme. Seguro que ya te has dado cuenta de cómo es Dina. Ahora vamos a seguirla cuando regrese definitivamente a Quebec.

Sus padres, al terminar sus estudios le regalan un piano. En Nueva York, va con su padre para elegirlo. Cuando se decide la compra, resulta que lo han vendido, pero acaban de llegar tres muy buenos  y Dina elige uno de color oscuro que le encanta. Está contentísima; ya sueña con tocarlo en su casa, gozar arrancándole sus notas y sobre todo alegrar así a sus padres.

lunes, 27 de junio de 2016

Correspondencia

Prometí hacerte leer algo de sus cartas ¡ahí va! Leyendo algunos párrafos te encontrarás con una joven llena de vida, con deseos de aprovechar al máximo y sobre todo de dar gusto a sus padres.

9 octubre 1916: “…..Ayer por la tarde, dimos un concierto en el salón a las religiosas y pensionistas, muy deseosas de oírnos. Yo toqué de memoria el “Capricho-Vals” y el “Allegro appassionato” de Saint-Saëns; estuvieron muy amables con nosotras. Bernadette tocó el “Sermón a los pájaros” de Listz. Ayer por la mañana fuimos a la Misa Mayor a la iglesia de San Francisco Javier. El canto  es hermosísimo. Volveré allá si puedo. Por la tarde paseamos por el Parque Central… Mañana volveremos a Casa Macy. Allá he visto escaleras mecánicas; a papá le hubiera gustado subir por ellas. ¡Qué almacén tan grande! ¡Cuánta riqueza! ¡Cuánta preciosidad!. Quiero cumplir mi propósito de acostarme temprano, y no quiero perder mi color rosado; aquí me dicen que no tengo los colores de Nueva York…”
13 octubre 1916: “… la temperatura es ideal… Aline y yo hemos ido de compras, ¡como verdaderas americanas!... He encontrado botas altas, marrones, muy bonitas a 3,85 $; las necesitaba y las he comprado, también una cartera por 1 $. Mi compañera, es un tipo cómico y cómo me he reído! En otra tienda, medias de seda blancas. El miércoles por la tarde con una chica irlandesa hemos visitado el museo de bellas artes, mejor dicho empezamos a visitarlo. Hay que pasar muchos días para verlo todo. Nos paramos en la sala que contenía pianos e instrumentos de música… Por la mañana voy  a Misa a los Padres Asuncionista… Tengo un apetito desconocido…Seguro que no me vais a conocer en Navidad. Jugamos a la pelota y nos reímos; sí, ya lo creo. Si los yanquis han de formar concepto por nosotras de los canadienses franceses, no tendrán más remedio que reconocerles la virtud de la alegría…”

19 octubre 1916: “…Hablemos del Conservatorio. El programa no lo tuve hasta el martes… Como profesor de piano tengo a Mr. Newstead, de armonía a Mr. Richardson… de conferencias a Mr. Tapper… El martes conocí a Mr. Newstead y después de hacerme tocar el Preludio de Bach, me dijo: “Tiene usted muy buena digitación y mucho ejercicio; ahora, cuando se necesite, tiene que usar más la muñeca, el antebrazo y el brazo”. Después me hizo tocar el Allegro y en el último acorde me dio un golpecito en la espalda: “Usted tiene talento…Espero que va a tener muy buen curso…” Mi profesor es inglés y no quiere hablar francés… No importa, yo me romperé la cabeza para aprender su lengua…”
5 noviembre 1916: “Acabo de llegar del concierto de Paderewski. Sólo para oírle, vale la pena venir de Quebec. Actualmente se le considera como el mejor pianista del mundo. Ha tocado ocho piezas y le han hecho repetir, entre ellas la 2ª Rapsodia de Listz. El público aplaudía fuera de sí; la gran sala del Carnegie estaba completamente llena. Nada, que no sabéis lo bueno que es estar en Nueva York.”

viernes, 17 de junio de 2016

Nueva York

Ya estamos en Nueva York.

El viaje estaba planificado para octubre 1916 y en mayo su madre sufre un grave accidente. Dina no sólo teme por su madre, sino que ve comprometida su estancia en Nueva York. Ella nos dice: “En el momento de realizar mis proyectos serios, importantes, de los cuales quizá dependía mi porvenir, Jesús me pidió el sacrificio de mis deseos.” Es normal que en algunos momentos sintiera angustia, y necesitó una gran gracia para renunciar con alegría a sus esperanzas… Pero, cuando ya había dicho “SI”, las cosas cambian; su madre se cura totalmente y en verano puede de nuevo empezar a soñar y a preparar el próximo viaje.

Tres jóvenes canadienses: Dina, Bernadette y Aline, acompañadas por el Sr. Bélanger, emprenden el viaje a Nueva York. Dina escribe a su madre y le dice que el paisaje le encanta, que en el viaje juegan a cartas, ríen sin parar y, según ella, como nunca en diecinueve años… y añade que en realidad ir a Nueva York da la ilusión de un paseo al paraíso.

En Nueva York sus padres han escogido la residencia “Nuestra Señora de la Paz” dirigida por las religiosas de Jesús-María. Al llegar, Dina tiene la decepción de tener que compartir el cuarto con otra. Sólo queda una habitación individual y su padre les aconseja que la cedan a Aline. A Dina, acostumbrada a la soledad, le cuesta, pero nadie lo nota. Más tarde existe la posibilidad de habitación individual pero, tanto Bernadette como ella deciden quedarse juntas. Las dos han encontrado el tesoro bíblico de la amistad.
Las tres se entienden de maravilla. A las tres les encanta bailar y se pasan horas haciéndolo. Sus compañeras se dan cuenta de la caridad y el olvido propio de Dina, que sin dejar de ser muy alegre y amiga de reírse, bromea y, como es muy aguda, sabe tomar el pelo sin jamás herir. Exteriormente, nada la distingue de las demás, pero hay algo diferente: en ella hay una mayor reserva, una gran igualdad de carácter y jamás habla mal de nadie y si alguien lo hace tiene una habilidad sin igual para desviar la conversación o para poner en evidencia las cualidades de la persona.

Como artista goza enormemente en los conciertos a los que asiste, y según sus profesores hace muchos progresos en piano y armonía. Con su empeño en el estudio, Dina quiere agradar y agradecer a sus padres el gran sacrificio que han hecho con su partida y, para compensar en algo la ausencia, les escribe casi diariamente. Sus cartas reflejan a una joven alegre, contenta con todo, llena de espontaneidad y que no  deja nada de lo que nutre su vida interior, oye misa y comulga cada día y sigue el plan de oración que desde antes se había trazado.

De su estancia en Nueva York tenemos 278 cartas escritas a sus padres y que ellos entregaron después de su muerte. La próxima vez, podrás leer algunos párrafos para que conozcas mejor a Dina.

jueves, 9 de junio de 2016

Pasión por la música

¿Sabes? Jesús seguía obrando en ella y ella respondía con amor esforzándose en disimular a los ojos de los demás su intensa vida interior. A los dieciséis años, un retiro vocacional la confirma en su deseo de ser religiosa, acariciado desde hace tiempo.
Deja el Pensionado y vuelve a su casa. Ahora es una joven espléndida, alta, agraciada, amable, sencilla, inteligente… en una palabra ¡encantadora! Va a entrar en la vida del mundo determinada por la posición social de una familia acomodada, pero secretamente su único ideal es Jesús.  Su divisa: “Antes la muerte que el pecado”, está muy presente en su vida y le va a ser totalmente fiel.
Un día dice a su madre que quiere ser religiosa. Dina es muy joven, tiene sólo dieciséis años y su madre le pide que reflexione. ¿Se iba a cumplir ya lo que su madre había pedido durante el embarazo?. El consejo del párroco va en la misma línea: demasiado joven, tiene que conocer el mundo, aún se debe a sus padres… Ellos encantados de poderla gozar, multiplicando el afecto y los regalos.  Dina acepta con pena el retraso, pero agradece también el cariño, los vestidos y joyas que le brindan sus padres. Según nos contó, abandonó sus deseos en manos de Jesús y como no era falta de generosidad por su parte, se llenó de paz.
Sigue el estudio de piano hasta obtener el título de Profesora. Vienen los primeros conciertos con las consecuentes alabanzas que ella cree que son exageradas porque su ideal como pianista era tan elevado que sabía muy bien que no merecía tales elogios. Acepta con amabilidad todas las muestras de simpatía. Su dominio exterior era muy grande y nadie advierte lo que le costaban los conciertos, incluso sus padres pensaban que no le importaba en absoluto tocar el piano en público. Ella escribe:  ”Nadie podía suponer el martirio, sí, no  temo emplear esta palabra, el martirio que yo experimentaba en medio de las flores y de los aplausos.”

Dina no sólo seguía sus estudios de piano y llevaba una vida de sociedad, sino que multiplicaba las obras de caridad, compartiendo su tiempo apostólicamente.  En ella crecía el amor por Jesús y su deseo de ayudarle. ¿Cómo lo hará? Aprovecha las ocasiones que se presentan. Al comenzar la primera guerra mundial de 1914, se ofrece a nuestro Señor enteramente, en espíritu de reparación y amor. Hubiera sido capaz de dar la vida por los demás. ¿Quién podía imaginarse que en aquella joven artista, brillante pianista, tan amable y sencilla ardía una vida interior tan honda?  El Principito acertó cuando dijo que  ”lo esencial es invisible a los ojos”.
Sus padres viendo el excepcional talento musical de su hija, deciden mandarla a Nueva York para perfeccionar sus estudios. A Dina, apasionada por la música y por la belleza de la armonía que empezaba a descubrir, le encanta la decisión y hasta siente vanidad de perfeccionarse en un gran Conservatorio. La vanidad no dura: “Jesús no permitió que los espejismos pudieran engañarme. Yo sabía que por mí misma era poca cosa, aun reconociendo que Dios me había dotado de un cierto talento…”

Bueno, la próxima vez nos encontraremos en Nueva York…

miércoles, 25 de mayo de 2016

En el colegio

Seguimos con Dina…
Dina tiene una gran aptitud  para la música y a los ocho años empieza el estudio del piano. Hace grandes progresos y a los once obtiene el primer diploma. No tardará en llegar a ser concertista…
En aquel tiempo, la edad para la Primera Comunión era a los diez años. Dina la deseaba tanto que a los nueve, a pesar de su timidez,  acompañada por su madre, pide al párroco el permiso de hacerla  a los nueve. No se ve apropiado. ¡Qué desilusión! Ella lo aprovecha para desearla más y prepararse mejor.
 Y  como en este mundo todo pasa, llega por fin, el 2 de mayo de 1907, el encuentro tan deseado. Si alguna vez , tú has deseado algo con mucha fuerza ¿qué ocurre cuando llega?... ¿Te imaginas lo que fue para ella?. Dice que las cosas exteriores no la distraen, lo único que cuenta es Jesús, y empieza a dejarse poseer totalmente por Él. Este día marca un jalón fuerte en su vida; cada día está más enamorada de Jesús. Tal vez, tú sabes o te imaginas lo que supone estar enamorado/a; ya todo se ve con un solo color, el de la persona que se ama; se piensa, se sueña, se quiere agradar, se busca una mayor intimidad… A Dina le pasa lo mismo con Jesús y fíjate, es precisamente el 25 de marzo que sigue a su Primera Comunión cuando el Señor se le comunica directamente después de la comunión. Ella escribe: “Era la primera vez que yo oía con claridad su voz, -interiormente, ya se comprende-, una voz dulce y melodiosa que me inundó de felicidad”
El enamoramiento crece y en Dina empieza con más intensidad el deseo de amar, amar…, de estar atenta a lo que el Señor le va a ir diciendo. Exteriormente lleva una vida ordinaria, nadie sabe lo que pasa en su interior, es el “secreto del Rey”. Sin embargo, su comportamiento ejemplar despierta la atención de sus compañeras que le toman el pelo llamándola “santa Dina”… ¡vaya sufrimiento! ella no se siente así.
A los doce años cambia de colegio a otro, más cerca de su casa, que han abierto las mismas religiosas donde ha estudiado hasta ahora. Tampoco allí nadie puede sospechar el trabajo que la gracia desarrolla en su interior. Los resultados académicos siguen siendo excelentes y ante ella se abre un porvenir brillante.

A los catorce años, Dina, a pesar de que quiere a sus padres con locura, pide ser interna en el Pensionado de Bellevue. Ellos aceptan. Dina, sensible al extremo, llora sin parar el primer día que sus padres la visitan. Le ofrecen volver a casa y Dina “¡No, ya me acostumbraré!” Sin embargo, derramó lágrimas durante catorce noches… hasta que al fin su voluntad se fortaleció y se consoló. Le resultaba difícil la vida común y estar lejos de sus padres, pero estaba dispuesta a formar su carácter, a olvidarse de sí misma. ¡Vaya esfuerzo!


lunes, 16 de mayo de 2016

Traviesa y decidida

Seguimos con Dina, ¿quieres?...
 Antes de la famosa pataleta, su madre ya le enseña a rezar y, a veces, Dina medio tambaleándose se arrodilla junto a ella. Cuando sus padres rezan el Angelus, Dina corre para poder gritar al final ¡Amén!
Acompaña a su madre en sus visitas a pobres, necesitados de ayuda, enfermos. Es la mejor manera de aprender desde muy pequeña a compartir, a dar, a salir de sí misma. Muy pronto empezó también a acompañar a su madre a la Iglesia, pero los sermones le parecían largos y se aburría… Encontró una solución, llevar en su bolsillo una pequeña muñeca y sacarla justo cuando el predicador subía al púlpito. La madre lo ve y… “¡Guarda esto!”.  Dina, de mala gana la remete en el bolsillo, pero a los pocos minutos “Valeda” asoma de nuevo la cabeza. Y… ¡Ah! Se terminó, la mamá la mete en su bolso y Dina espera resignada la reprimenda que recibirá en su casa. Su madre, para evitar nuevas exhibiciones, esconde la muñeca. Dina la busca y ¡oh felicidad! la encuentra. Pero el triunfo dura poco; la mamá la toma y esta vez la lección tiene éxito.
Como ves, la niña se las trae. Gracias a la constante correspondencia a la gracia, esta tenacidad y voluntarismo en el carácter le harán caminar con esfuerzo hasta llegar a la cumbre, a la obediencia y humildad que vivió durante su vida y que fue notable hasta el final. Es verdad que Dina avanza pronto por un camino ascendente, pero no nació santa. Como cualquier niña crece con defectos y travesuras que tiene que ir superando.

A los seis años empieza la Primaria en el colegio de St. Roch. Antes de salir de su casa tiene miedo de aburrirse pero, como ella nos dice, se entrega “no sólo con entusiasmo sino con pasión”. Quiere obtener los primeros puestos y lo consigue. Como es tímida y muy sensible, no le gustan los juegos ruidosos. Tampoco le gusta distinguirse de las demás. Tiene el pelo ondulado lo que le permitiría recogerlo con un lazo pero, para seguir el reglamento del colegio, pide a su madre que se lo trence.

Los años de colegio marcan un progreso en la formación de su carácter. Exteriormente como las demás, pero en su interior ya va sintiendo una gran atracción por Jesús y una gran nostalgia de Dios que la perseguirá toda su vida.

lunes, 9 de mayo de 2016

Una niña con carácter

De nuevo con Dina. Te dije que te iba a contar el motivo de la pataleta. ¡Ahí va!
Su madre le había mandado algo y la pequeña Dina, que aún no tenía cuatro años, no quiso obedecer. La mamá repitió el mandato y ¡no! ¡no! ¡no!... y esta vez la negativa iba acompañada de llanto y pataleo. Su padre, que presenciaba la escena de lejos, se levanta, la coge por la mano y le dice que quiere ayudarla en el lloro y en el baile para poder terminar antes y ¡vaya si lo logra!. Los dos se ponen a bailar juntos. A Dina se le cortan en seco las lágrimas y se le paralizan los pies, pero su padre no cede y continua saltando con ella… Más tarde, Dina escribirá: “No me he olvidado nunca de esta lección…, me curó para siempre las ganas de patalear por mis disgustos”.
Te he dicho que Dina escribió esto, pero ¿dónde? ¿Cuándo? Claro, no te dije antes que Dina a los veinticuatro años quiso ser religiosa y lo fue en Jesús-María. Lo de ser religiosa te lo contaré en otro momento porque hay mucho que decir…
Mientras era religiosa, su superiora, viendo la hondura de la vida espiritual de Dina a través de las conversaciones que tenía con ella, le pidió que escribiera su vida. Gracias a eso hoy tenemos su Autobiografía, en la que relata todo lo que ha vivido y lo que el Señor le iba comunicando, permitiéndonos así penetrar en el misterio de Dina. Según ella, el tener que escribirlo es lo que más le costó en toda su vida. Tenía que revelar lo que pasaba en su interior y sobre todo lo que escuchaba de Jesús, porque desde pequeña su voz se había manifestado claramente en su interior. Si a todos nos cuesta desvelar lo más íntimo de nuestro ser; podemos imaginarnos lo que fue para ella tener que abrir a los demás los secretos de su corazón.  Y sabes, esto tan difícil, lo hizo con la mayor sencillez, como todo lo que hacía. Cuando la superiora le dijo: “Hermana, va a escribir su vida”, ella contestó: “¿lo quiere usted, Madre?”.” Sí, lo deseo”. “Bien, haré lo que me pide”. Empezó a escribir e hizo de este relato un “Canto de acción de gracias” para revelar la bondad de Dios en alguien tan pequeño como ella.
Bien, ahora no voy a adelantar acontecimientos; sólo te lo he dicho, para que supieras dónde escribió lo que te conté antes. Sigamos a Dina porque de la “pataleta” a esto hay un largo camino que iremos recorriendo y descubriendo.